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Manifiesto primitivista
Antonio Rangel Reyes


   Somos el nuevo vientre de la literatura, somos seres de teatro, somos escritores primitivistas.

   Se han podrido las letras modernas, los caminos mágicos se han infectado de imaginación insulsa, están melladas las rutas fantásticas por exceso de historias cretinas, todas tienen la misma piel enferma. Y al realismo sucio ya también lo conocemos de memoria, se ha hecho un círculo agotado, exhausto. Y la prosa poética no es más que una mucosidad de sensibleros que no tienen nada por decir. A todas estas ramas literarias, y a los que ni se menciona debido a la nimiedad de su aportación, les mostraremos la matriz de la literatura: ¡Vuelta al Teatro!

   ¡Muerte a la palabra escrita!

   Escuchen:

   Que les tiriten las orejas, que una cascada orgásmica los mueva, porque escucharán la explicación mítica del Teatralismo:

   En un principio fue la palabra, pero la palabra no estaba escrita, la palabra aún tenía la sangre del consuelo fluyéndole, era la palabra primitiva y sonora, y sonaba a Dios.

   Los dioses se comunican con voz de tempestades, los hombres arruinaron las palabras divinas cuando las escribieron, por eso tuvo que venir Jesucristo a representar a Dios, a teatralizar el sufrimiento humano, a sangrar su desconsuelo. Y Él no escribió, para que su palabra fuera como debía: un estruendo de suspiro y una armonía de tormenta. Y Él se ocultó de los escribanos e historiadores, porque la letra impresa mengua a la palabra. Dios quiso dar muerte a la palabra escrita, pero los hombres, temerosos de vivir con la sonoridad de la verdad, escribieron, y ellos degeneraron la palabra. Mas alegrémonos, porque ahora los teatralistas le damos muerte.

   El Ángel Gabriel se nos ha presentado, acompañado de palomas y envuelto un manto rojizo, con delicados cabellos amarillentos. Confesóme que soy hijo de Mahoma, y soy el misionero que debe teatralizar el Corán. Porque es una necesidad espiritual el Neo-Primitivismo, porque desde un principio La Palabra Divina quiere ser pronunciada y no ser parte de una muda lectura. Hay que cumplir los mandatos del Altísimo. ¡Bienaventurados los Teatralistas! Porque de nosotros será la acústica del cielo. Efectivamente los novelistas son tiranos y se apartan de la historia en sus libros, para perder el tiempo en anécdotas, y si pierden el tiempo es porque están alejados de La Verdad Divina. Y ellos están condenados ya, y en verdad digo, que el que tenga fe en el Teatralismo será premiado.

   ¡Griten, Lectores! Griten porque no basta que ustedes vean en una página: "las perlas del hocico mismo de cada tempestad" Vosotros deberéis leer el granizo y leer el frío humedecido que resbale por su cara. Sí, nosotros los primitivistas le exigimos al lector, porque si los lectores no evolucionan, la literatura se estanca, pero al mismo tiempo, todos los teatralistas somos lectores.

   Llámenos Teatralistas o Primitivistas; y llénense con nuestro ímpetu artístico, y corran para difundir la nueva semilla del Arte.


Antonio Rangel Reyes
México D. F.
marzo
2003