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Jesús Ademir Morales Rojas

Tríptico


Sin título

 Sabía que te hallabas en ese bosque de figuras vacías, que se desplazaban sin sentido alguno, por los espacios vastos de aquél piso cubierto de espinas metálicas. Bajo la luz artificial permanente, de las bóvedas inmensas, aprendí a identificar cada gesto incipiente de dolor, de esos maniquíes, apenas expresivos. Así reconocí los tuyos propios. Una ocasión que el azar, en tales mudas corrientes de siluetas, te trajo a mi cercanía, intenté hablarte, pero justo en eso, las púas del suelo laceraron mis pies descalzos. Cuando me recuperé por fin, la configuración de las blancas siluetas era otra de nuevo. Y en aquella dimensión clausurada, ya nunca pude volver a hallarte. Y luego, no mucho después, yo mismo me extravié.


***

Ardilla

 YO te observé atrayendo de nuevo a la ardillita, con una cáscara de naranja, para luego arrojarla con un brutal puntapié entre risas insidiosas. TÚ luego, durante la ronda nocturna por el parque, no te reías igual, cuando me viste descender hacia ti, desde aquél álamo frondoso. EL agujero de mi nido seguramente te pareció aterrador: los llamados agudos de mis crías al verme llegar arrastrándote, quizás no te fueron muy agradables, aunque tus propios alaridos tal vez te impidieron oír, alguna otra cosa. NOSOTROS roímos dulcemente tu carne: la de tu rostro despacio, yo; mis crías tus entrañas con ansioso deleite. (Tus estertores no molestaban nada, más bien eran como un aliciente). USTEDES de seguro ya estaban en busca de su compañero desaparecido, inspeccionando el parque completo. ELLOS, al descender por la alcantarilla, dieron por fin con él y con nosotros. Cuando me arrastré hasta los boquiabiertos uniformados, tan dócilmente, entre jeringas inservibles, y envases vacíos de solvente; cuando fui hacia ellos dando quedos chillidos, ya no me dieron puntapiés. (A mis espaldas encorvadas, las crías gemían frenéticas, por más alimento).


***

Ecos

 …no se cuanto estuve encerrado en aquél cuarto oscuro poblado de ecos. Periódicamente me rociaban con luces extrañas y líquidos de raro sabor. En algún momento abrieron una zona de la celda. Entonces me asomé: sólo había allí un horizonte de sombras, y las quietas olas de un mar metálico. Salí. Anduve vagando sobre las aguas durante mucho, mucho tiempo. Hasta que el tedio me sofocó hasta la muerte…
Entonces pensé en ti.



Jesús Ademir Morales Rojas
Ciudad de México. 1973.
Cursé estudios de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México e Historia del Arte en la Universidad del Claustro de Sor Juana. (En el fondo soy un feliz autodidacta de librerías de viejo).