Van Pacas


adiós, amor mío


Al menos ya di el primer paso sin que se diera cuenta. Tengo el cuchillo escondido bajo mi almohada. Esta noche mato a mi mujer.

Llevamos nueve años de casados y de un tiempo para acá siempre hace lo mismo. Espera en la sala viendo algún canal de televisión. De cuando en cuando asoma su cabeza por el umbral de la puerta del cuarto y verifica si ya estoy dormido. No nos resistimos. Qué incómodo cuadrilátero de martirios es la cama matrimonial. La verdad, yo también siento repulsión de hablar con ella. Sentir ese silencio perturbador que obliga a la plática sin sentido: ¿Cómo te fue? ¿Qué pasó con Alfredito hoy en el kinder?

Silencio…

Ahí viene. Luego que se percata de mi sueño, desde hace un tiempo para acá, entra y se lava los dientes en el baño de nuestro cuarto. ¡Maldito ruido que tortura mis oídos! Siempre hace ese sonidito regurgitante cuando escupe. ¡Qué asco! ¡Cómo lo detesto!

Se acostó. Desde hace un tiempo para acá siempre hace lo mismo. Se acuesta dándome la espalda.

Hela en su lado de la cama. Hasta eso hemos discutido en silencio. ¡Pues te quedas cerca del teléfono!. En todo caso ésta es tu última noche. No sufrirás más el fastidio de ese lado.

¡Ah!, esa espalda vieja y familiar, está llena de nudos de tensión. ¡Diablos! ¡Cómo hemos cambiado en este corto tiempo que parece una eternidad!. Me viene a la memoria aquella vez, cuando todavía hacíamos el amor, que le dio tortícolis al intentar besarme los labios en el momento que yo le besaba la espalda. Terminamos peleando porque me reí. No podía evitarlo: su cara se transformó en ademanes de angustia al no poder mover su cabeza. Me carcajeaba de sus retorcijones en la cama. Toda ella desnuda, desfigurada y gritándome. Esa noche dormí fuera de casa porque ya no resistía sus lloriqueos, sus gritos ofensivos. Siempre he detestado ese tonito chillante que tiene cuando peleamos.

Ay Albita, ahora que lo pienso bien, esto tenía que terminar como terminará hoy. Siempre deseé este momento.

Recuerdo cuando nos agredimos la primera vez. Curioso que me cause risa nostálgica esta “primera vez”. A veces pienso que cualquier motivo era bueno para entrarnos a golpes, ¿no crees eso, Albita? Esa vez... a ver, quiero recordar bien… ah, esa vez fue por recibos de algún servicio público…¿te acuerdas? … Nuestras bocas se gritaban a no más de diez centímetros de distancia. Veía en sus ojos desorbitados aquel fuego que me retaba apagarlo de un solo golpe. Así lo hice…qué gracioso. Me lo devolvió tan fuerte que todavía tengo problemas para respirar con la fosa izquierda de mi nariz. La pelea duró hasta que nos cansamos. Si no fuera por mi gordura no hubiera sido tan fácil, Albita. Quién lo diría, el único contacto corporal que tengo contigo desde ese día es con golpes. Esta competencia pugilística me empezaba a gustar. Lástima que esta noche la ganaré para siempre. Pobre tonta, no sabe lo que le espera.

Pero…

¿Se habrá dormido ya? Estoy a punto de hacerlo. Ahorita sería ideal. Está dándome su vieja y familiar espalda.

No, no, calma…Quiero disfrutar este momento. Quiero sentir cada recuerdo que venga para gozar más mi victoria final.

¡Silencio!…

No sé por qué tengo la impresión de que no duerme aún. Raro. Hace un rato se volvió y sentí que me observaba. Cerré los ojos de súbito, no creo que se haya percatado de mi vigilia. ¿Será que sospecha algo? …No lo creo. Esto nunca se le cruzaría por su cerebrito ingenuo. Ay, Albita, por qué me retaste, por qué no te estuviste quieta. Bien sabes que cuando me sacas de quicio de verdad, terminas llorando en las esquinas. ¡Bruta!… No, malagradecida es lo que eres. Qué sería de ti sin mí. Por mí entraste en la empresa. No recuerdas que antes eras mi sirvienta. Tú y tu carrerita de mierda. Ibas a lograr un comino. Yo te hice ser lo que eres ahora, me lo debes a mí. ¡Malagradecida! Te crees jefe en todo. Esa arrogancia te la guardas para la empresa, ¡aquí en la casa yo sigo siendo el jefe! Ah, maldita, esta vez será otro el que ría.

Quisiera carcajearme en tu cara al confesarte esto, pero me lo impide mi plan: las veces que he perdido alguna pelea contigo han tenido un propósito. Don Sergio es testigo de los golpes que me has impreso en el cuerpo. Él sabe lo desgraciada que es mi vida tanto en el trabajo por tu cínica altanería como en la casa por tus histéricas agresiones. Ah sí, malvada, qué risa me das. Esta noche te mataré y alegaré defensa personal. Con lo desquiciada que eres. ¡Tonta! No creíste eso de mí. No sabes de lo que soy capaz. ¿Por qué crees que, hoy por la mañana, dejé que me molieras a golpes? ¡Pobrecita, Albita!.

Silencio… silencio…

Ya se durmió… lo puedo asegurar.

La hora ha llegado... pero...

¡No lo puedo creer! ¿Qué es esto que siento...?

¿Será que la ansiedad está afectando mi determinación? ¿O es miedo? …

Oigo el retumbar de mis latidos como horribles tambores…calma…no vengas ahora con mariconadas, Ramón. ¡Qué te pasa! Pareciera que esa espalda vieja y familiar te está conmoviendo. No, no es eso…

Bueno, no hay por qué perturbarse. Debe ser normal: no es de todos los días acostarse en la cama añeja de recuerdos y de una estocada dibujar una sonrisa sanguinolenta en el vientre de tu esposa.

¡Uf! … siento que pierdo el aliento…

Bueno, es ahora o nunca…

¡Silencio!…silencio… ¿Qué pasa?

¡¿Despertó?! …

¿Adónde va? … Se dirige al baño.

Raro que no haya notado que estoy despierto… acercó su rostro al mío y no notó que la miraba… silencio…

¿Con quién estará hablando en el baño? …tomó el teléfono inalámbrico de la mesita de noche…iré a oír…

¿Con quién hablará…? No logro reconocer con quién… ssh… ¡Va a salir del baño, tengo que regresar!…pero…pero…¡Qué es eso, Dios Santo! …No puede ser, no… ese cuerpo tendido en la cama…¡No es posible, Dios mío! ¡Ese cuerpo… Dios… ¡Es mi...

- Hace como media hora. ¿Crees que ya haya hecho efecto? Yo veo que está como dormido…¿En serio? ¿Cómo dices que se llama el veneno? … ¡Ay, amor, estoy tan nerviosa!. Ahora qué hacemos… está bien…no, no…esperemos un mes por lo menos, dentro de un mes tomo el avión con Alfredito para Miami… sí, eso espero, mi amor…cuando pase el relajo del sepelio y demás nos vemos allá…oye, lo olvidaba…dame el teléfono del forense amigo tuyo que me dijiste…sí, sí… con él arreglaré todo… está bien... adiós, amor mío.